La tradición de ir de tapas al estilo español es única. Se originó hace siglos en la necesidad de tapar su vaso de vino con una "tapa" para protegerlo contra molestos insectos y se convertido a lo largo de muchos siglos en una costumbre castiza y admirada por muchos países. Pero por mucho que se intenta copiar esa particular costumbre española de salir y de ir de tapeo, es difícil.
La variedad de tapas, también llamados pinchos en el centro de España, es casi infinita, porque prácticamente cada día se inventa algo nuevo, aunque siguen teniendo mucho éxito los clásicos como la tortilla de patatas, patatas bravas, el pincho moruno, ensaladilla rusa, huevos rotos, patatas al alioli, calamares fritos, pescaíto frito, croquetas, jamón ibérico, queso, gambas al ajillo, empanadillas, pulpo a la gallega, empanadas, el pincho de morcilla, papas arrugadas, pimientos de padrón, aceitunas, y unos cuantos más. A parte hay una inmensa variedad de tapas por cada región de la Península Ibérica.
